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El Arena Carioca fue el escenario del final de la Generación Dorada, la mejor Selección nacional de todos los tiempos. Con la despedida de Manu y Chapu, se va parte de la gloria de un equipo que marcó la historia del deporte argentino con sus valores.

Fue un 4 de septiembre. Pasaron casi 14 años. Fue un impacto mundial. En suelo NBA, un grupo de argentinos le pisaba la cabeza a la historia. Argentina derrotaba al Dream Team. Ese capítulo fue glorioso, pero fue sólo uno de muchos que vinieron después. Porque la Generación Dorada fue el producto perfecto que generó el deporte argentino. Porque sin un León Najnudel, no hubiera existido Chapu Nocioni. Porque sin la creación de la Liga Nacional, difícilmente Manu Ginóbili hubiera saltado de Bahía Blanca al resto del planeta. Y lo mismo con cada uno de estos formidables atletas que honraron la camiseta de la Selección.

 

Nunca queríamos que este momento llegara. Pensamos que podía pasar, pero descreíamos del día en el calendario. El 105-78 para Estados Unidos marca el cierre de una era para el básquet nacional. Es el punto final para un viaje de locos. Estos tipos te hicieron reír y llorar. Te provocaron sensaciones que nunca pensaste que ibas a vivir. Te demostraron el respeto y la dedicación por los colores de la patria donde naciste. Te señalaron que es lo que hay que hacer, y que no. Muchos de ellos fueron un ejemplo fuera de la cancha con una simple acción o una declaración fuera de los estándares habituales. Todo eso generó una conexión especial con la gente del deporte. Del básquet y de los que se hicieron seguidores sólo por verlos a ellos competir.

 

Ellos tuvieron hidalguía en la derrota. Y fueron cautos en las victorias. El mundo los respetará, por siempre. Porque ellos se lo ganaron. Si fuiste contemporáneo, sentite contento. Tuviste el placer (y honor) de ver representar a tu bandera en un deporte a la mejor Selección que ha existido. No busques, no vas a encontrar otra igual. Tipos que se metieron en el barro para limpiar su casa, vaciada y arruinada por la corrupción interminable. Hombres que se transformaron en dueños de una pasión y héroes vivientes para sus pares, esos otros deportistas que como ellos, dieron sus primeros pasos con la fantasía de ser olímpicos. 

 

Los que vimos jugar a la Generación Dorada tenemos la obligación de contar su ejemplo a las próximas generaciones. Internamente, esa predica ya fue realizada. Con verlo a Facu Campazzo en Río 2016, alcanza. Ahora será el turno de los jóvenes. Esto es cíclico. Ya sucedió después del Mundial de Grecia '98, cuando aquellos chicos tomaron las riendas del equipo nacional y lo depositaron en el primer lugar del básquet en el mundo. Sí, más arriba que los norteamericanos, que tuvieron que refundarse después de haber caído en la duelo contra los argentinos.

 

Fue un 17 de agosto. Todavía no pasaron 24 horas. Fue un impacto mundial. Llegó el final de una viaje único e irrepetible. Repleto de enseñanzas y conquistas gloriosas. Ya no veremos más a Nocioni con el corazón en la mano. No podremos presenciar a Ginóbili, futuro Salón de la Fama, con la 5 en la espalda. Scola seguirá hasta cuando decida lo contrario, igual que Delfino, otro caso de superación por amor al deporte. Llegó el turno de una nueva era en la Selección. El futuro quedó en buenas manos gracias a ellos, que hicieron todo para que eso sucediera. Gracias.

 

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