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LA HISTORIA DE AMOR ENTRE LA ESGRIMISTA Y SU MAESTRO QUE TERMINÓ EN UNA PROPUESTA DE CASAMIENTO

La esgrimista Belén Pérez Maurice no se va a olvidar nunca de sus terceros Juegos Olímpicos. Quedó eliminada en su debut con la ex campeona del mundo, la húngara Anna Marton, pero minutos después, y ante las cámaras en vivo, su maestro y pareja Lucas Saucedo le pidió matrimonio para sellar 18 años de amor.

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La Flaca se había prometido no llorar. Ya lo había hecho en Londres 2012 y en Rio 2016. Esta vez no iba a repetirlo. Pero a Lucas se le ocurrió, la noche anterior, que quería levantarle el ánimo ya que sabía que Anna Marton y el arbitraje iban a complicar a Belén Pérez Maurice. Y procedió de una manera muy al estilo del maestro en competencia: rápido, astuto y esta vez le sumó una sonrisa inmensa. La imagen de Lucas Saucedo, con un cartel improvisado en el que estaba escrito el pedido de casamiento. ¿Qué respondió la tres vez olímpica? Que sí, claro. Era una mera formalidad a tan linda unión deportiva y sentimental.

Pero la historia es larga. Belén y Lucas se conocieron hace mucho tiempo. De hecho, fue Saucedo quién la vio: "La vi que era muy coordinada. La vi saliendo de la pileta, alta y como saltaba en el trampolín y dije ‘ésta tiene que ser buena’, por eso me acerqué". Y descubrió una joya, una atleta que hizo historia en la esgrima argentina, un ejemplo entre los deportistas, una "flaca olímpica" como él mismo la apodó.

Se potencian. Lo que a veces falla al mezclar una relación profesional con una sentimental en ellos dio muchos frutos. Belén es multicampeona sudamericana y panamericana, es la referente del sable en la esgrima de nuestro país. Lucas es la tercera generación de maestros en la familia. 

Forjaron una dupla extraordinaria a la que se le suman el preparador físico Ricardo Ippólito y el psicólogo deportivo Gustavo Ruiz. Belén y Lucas se complementan, se declaran imprescindibles para los logros deportivos de la nicoleña, que se embarcó en este deporte de muy chica y casi sin quererlo.

"La historia comenzó cuando yo tenía 13 años. Yo estaba en un club, en la pileta, saltando en el trampolín, haciendo saltos ornamentales, y a él se le ocurrió que yo podía ser buena esgrimista. Entonces se me acercó, me preguntó si me gustaría hacer esgrima y yo le dije que no. Porque me parecía rarísimo y más en verano. Digo, vestirse con todo eso, y además me iban a cargar mis compañeros. Pero bueno, él me dijo ‘yo te voy a insistir todos los días así que vos vení, probá, y si no te gusta, no te voy a insistir nunca más’. Y bueno, fui y claro, cuando llegué, me hizo hacer unos combates, él fue el juez y entonces me hizo ganar. Yo me sentí re grosa, buenísima, y evidentemente me despertó un lado que no conocía mucho. De la competencia, de ser competitivo, y acá estoy".

Así estaba La Flaca. Firme, sería, expectante de su debut en Tokyo 2020. No le tocó una rival fácil. Al contrario. Su competidora sería la húngara Anna Marton, ex campeona del mundo. En la primera etapa del combate, Belén lo dominó casi por completo y se fue al descanso 8-5 a favor. Durante ese período hubo una interrupción debido a que la europea solicitó médico por una lesión en su rodilla izquierda. En la segunda parte Marton logró estar 12-9 y nuevamente Pérez Maurice la igualó en 12. Sin embargo y a pesar de alguna parcialidad de los jueces a favor de la europeo, otra caída por la rodilla y el plus de ser ex campeona del mundo le dieron el combate 15-12. 

"Cuando ya fuimos mucho más grandes, nos enamoramos, nos convertimos en pareja hasta hoy. Y esperemos que hasta nuestra vejez", contó Lucas antes de comenzar los Juegos. Y cumplió con dar un paso más para sellar todo lo bonito de esta historia. Fue una vez terminado el combate con Marton y con la intención de levantarle el ánimo. Se la jugó y le salió. Le pidió matrimonio. Ella aceptó emocionada y él logró su objetivo, que se vea esa hermosa sonrisa de Belén a pesar del resultado adverso.

Las claves de esta sociedad exitosa

Confianza, incondicionalidad mutua, amor por la esgrima, objetivos similares y mucho cariño entre ellos. Esto podría ser un resumen al verlos, al oírlos, al leerlos. De golpe el Maestro Saucedo grita, se enoja, vuelve sobre sus pasos, piensa y vuelve a dar indicaciones. A la vez, Belén se indigna con los fallos, sube la voz y se saca la máscara. Se miran. Se entienden. 

Es por eso que con madurez y a lo largo de los años juntos lograron que todo funcione y eso Belén lo manifestó: "Lo que siempre decimos es que nos llevamos muy bien. Somos muy compañeros y también aprendimos a tener esta doble relación. Los dos entendemos, a mí me costó un poco más, creo (risas), que cuando entramos a la sala, él es mi entrenador, mi maestro. Él que me tiene que forzar los límites, que no es lindo, a nadie le gusta llegar a su límite y más, pero también entiendo que tenemos objetivos comunes, nuestros sueños, y qué mejor que hacerlo con tu compañero y pareja. Ahora tenemos la dicha de ir a nuestros terceros Juegos Olímpicos juntos. Los dos sabemos del esfuerzo que le metimos, y además, estamos juntos, y yo lo siento enorme".

La pandemia fue una prueba de paciencia, un cimbronazo para la mayoría de los mortales y ellos no quedaron exentos. Para Lucas, "el aplazamiento de los Juegos fue la prueba más difícil de nuestras carreras. Porque vos sabés que el atleta de alto rendimiento se pone un objetivo en X tiempo. Al postergarse, tuvimos que resetear la cabeza, los objetivos, y al estar casi un año encerrados, más todavía. Pero como digo siempre, el atleta de alto rendimiento tiene que estar dispuesto a superarse permanentemente. Es como dijo el ex entrenador de Rafa Nadal, el alto rendimiento es aguantar, aguantar y aguantar. Cuando creés que aguantaste todo, seguís aguantando. El último caso fue el preolímpico, que encima lo postergaron un mes. La puesta a punto tuvimos que postergarla, en el caso específico de Belén, la competencia iba a ser el domingo al mediodía y después fue a la tarde. Entonces, todos estos condimentos hicieron que esto fuera, la verdad, como se dice en los barrios, un parto. Pero lo llevamos bien".

Belén y Lucas pasaron sus terceros Juegos Olímpicos. Quedó algo más que un resultado que, a esta altura, es anecdótico. Quedó una historia, un pasado, un presente y un futuro de la mano ya sea en la esgrima como en la vida misma. Y quedaron lágrimas de emoción y no de tristeza, y hay objetivos por cumplir y Lucas lo tiene muy claro: "Siempre le dije a la Flaca: ‘vos a mí me invitas a soñar'".

 

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